Sigmund Freud seguro que se equivocó en muchas cosas. Pero no cuando afirmaba que los dos impulsos fundamentales de la vida humana eran el Eros y el Tánatos. Hoy en día Eros campa a sus anchas en las sociedades occidentales, aunque a veces lamentablemente caricaturizado en hardcore o snuff. Pensábamos sin embargo que nuestras sociedades opulentas estaban hipnotizadas por el mito de la inmortalidad y que Tánatos no tenía ya cabida entre nosotros. Pero no es así. Nos preocupa la muerte, nos preocupa cómo habremos de morir. Cada vez somos más ricos, pero más viejos. Tánatos no nos deja indiferentes.

Este verano el enconado debate sobre la Reforma Sanitaria impulsada por el Presidente Barak Obama tuvo a Tánatos por uno de sus protagonistas. Los opositores a la Reforma, especialmente algunas mentes lúcidas del partido republicano, como la inefable Sarah Palin, acusaban al proyecto de alentar la eutanasia, mediante la creación de “consultas de la muerte” (death panels). Este es un tema especialmente delicado para la sociedad norteamericana, tan religiosa y tan sensible a todo aquello que remueva los fantasmas de los enemigos de la Patria, como el islamismo ahora, el comunismo hace unos años o el nazismo de antes, que es el importante en este caso.
Pero basta leer la Sección 1233 del texto del Proyecto de Reforma (Bill H.R. 3200, America’s Affordable Health Choices Act of 2009) para comprender la burda manipulación, ignorancia y maledicencia que encerraban esas acusaciones.
Lo que en realidad dice esa sección es que una de las prestaciones que ofrecerá la Reforma es, cada cinco años, una consulta médica para hablar sobre “Planificación Anticipada de las Decisiones” (Advance Care Planning). En esa consulta el médico dará al paciente información detallada sobre voluntades anticipadas, elección de un representante y comentará con él sus preferencias de tratamiento al final de la vida. Vamos una cuestión que no tiene nada que ver con la eutanasia y sí con algo que toda la bioética norteamericana lleva reclamando, practicando e investigando desde hace años. No sería de extrañar que este texto hubiera salido de la pluma de Ezekiel Emanuel, uno de los bioeticistas norteamericanos más relevantes, hoy miembro del Equipo de la Reforma Sanitaria de Barak Obama.
Así pues, parece que para los opositores al Proyecto de Obama, “todo vale”. Incluso tratar de tergiversar y manipular para poner a su servicio al pobre Tánatos. Esperamos que esto no se produzca por estos lares, por ejemplo cuando se apruebe definitivamente la “Ley de Derechos y Garantías de la dignidad de la persona en proceso de muerte” que se tramita actualmente en el Parlamento de Andalucía. Incluso sería deseable que las Comunidades Autónomas españolas y el propio Ministerio tomaran nota de esta iniciativa estadounidense para tratar de copiarla.
Pablo Simón


El tratamiento informativo del trágico suceso de Albolote, donde un hombre asesinó presuntamente a sus padres, un matrimonio de 69 y 70 años, vuelve a demostrar la incomprensión y las ideas erróneas sobre la enfermedad mental que compartimos la ciudadanía y de la que se hacen eco los medios de comunicación.
A raíz de esta rápida y errónea conexión entre enfermedad mental y violencia se podría deducir que en España, el 9% de la población española (4.230.000 personas) podría ser un asesino potencial, tal vez un o una parricida ocasional. Esa es la cifra de personas que actualmente tiene una enfermedad mental, según datos del Ministerio de Sanidad y Política Social. Y si tenemos en cuenta que una de cada cuatro personas puede padecer alguna enfermedad mental a lo largo de su vida, como informa la Organización Mundial de la Salud, parecería aconsejable encerrarse en casa y no salir a la calle ante la avalancha de supuestos criminales que nos rodean. O quizá no fuera tan buena idea atrincherarse a cal y canto, ya que, por probabilidad, en cada familia podría darse un caso de enfermedad mental.


