Ciudadanía y Ética en el mundo de la salud

Eutanasia, Tánatos y Obama

Octubre 6, 2009 · Dejar un comentario

Sigmund Freud seguro que se equivocó en muchas cosas. Pero no cuando afirmaba que los dos impulsos fundamentales de la vida humana eran el Eros y el Tánatos. Hoy en día Eros campa a sus anchas en las sociedades occidentales, aunque a veces lamentablemente caricaturizado en hardcore o snuff. Pensábamos sin embargo que nuestras sociedades opulentas estaban hipnotizadas por el mito de la inmortalidad y que Tánatos no tenía ya cabida entre nosotros. Pero no es así. Nos preocupa la muerte, nos preocupa cómo habremos de morir. Cada vez somos más ricos, pero más viejos. Tánatos no nos deja indiferentes.

obama_manifestacion

Este verano el enconado debate sobre la Reforma Sanitaria impulsada por el Presidente Barak Obama tuvo a Tánatos por uno de sus protagonistas. Los opositores a la Reforma, especialmente algunas mentes lúcidas del partido republicano, como la inefable Sarah Palin, acusaban al proyecto de alentar la eutanasia, mediante la creación de “consultas de la muerte” (death panels). Este es un tema especialmente delicado para la sociedad norteamericana, tan religiosa y tan sensible a todo aquello que remueva los fantasmas de los enemigos de la Patria, como el islamismo ahora, el comunismo hace unos años o el nazismo de antes, que es el importante en este caso.

 Pero basta leer la Sección 1233 del texto del Proyecto de Reforma (Bill H.R. 3200, America’s Affordable Health Choices Act of 2009) para comprender la burda manipulación, ignorancia y maledicencia que encerraban esas acusaciones.

 Lo que en realidad dice esa sección es que una de las prestaciones que ofrecerá la Reforma es, cada cinco años, una consulta médica para hablar sobre “Planificación Anticipada de las Decisiones” (Advance Care Planning). En esa consulta el médico dará al paciente información detallada sobre voluntades anticipadas, elección de un  representante y comentará con él sus preferencias de tratamiento al final de la vida. Vamos una cuestión que no tiene nada que ver con la eutanasia y sí con algo que toda la bioética norteamericana lleva reclamando, practicando e investigando desde hace años. No sería de extrañar que este texto hubiera salido de la pluma de Ezekiel Emanuel, uno de los bioeticistas norteamericanos más relevantes, hoy miembro del Equipo de la Reforma Sanitaria de Barak Obama.

 Así pues, parece que para los opositores al Proyecto de Obama, “todo vale”. Incluso tratar de tergiversar y manipular para poner a su servicio al pobre Tánatos. Esperamos que esto no se produzca por estos lares, por ejemplo cuando se apruebe definitivamente la “Ley de Derechos y Garantías de la dignidad de la persona en proceso de muerte” que se tramita actualmente en el Parlamento de Andalucía. Incluso sería deseable que las Comunidades Autónomas españolas y el propio Ministerio tomaran nota de esta iniciativa estadounidense para tratar de copiarla.

Pablo Simón

→ Deja un ComentarioCategorías: Bioética
Etiquetado: , ,

Reflexión abierta sobre muerte digna

Octubre 1, 2009 · Dejar un comentario

Hoy a las 12.00, en la fuente de las Batallas de Granada, el área de Ciudadanía y Ética va a llevar a cabo una acción en la que invita a la ciudadanía a que exprese sus opiniones, reflexiones, comentarios,… sobre muerte digna y plasmarlo en un mural, escribiendo, dibujando… todo lo que se quiera expresar, todas las ideas son bienvenidas hasta las 20.00 horas.

Además de convertir el centro de Granada en un espacio abierto de reflexión sobre muerte digna, se grabará en vídeo todo lo que allí suceda. El objetivo es incluirlo en el montaje de un documental que estamos realizando sobre el tema, y que presentaremos en la Escuela Andaluza de Salud Pública, el próximo 28 de octubre en el foro: “Muerte digna, el debate que no cesa”.

 ¡Animaos a participar!

 AC Ciudadanía y Ética

→ Deja un ComentarioCategorías: Bioética · Ciudadanía

Muerte digna: el debate que no cesa

Septiembre 29, 2009 · 1 comentario

La sociedad española, como las de otros países europeos, está actualmente inmersa en un proceso de discusión sobre los contenidos y límites de lo que ha venido a denominarse “muerte digna”. Se trata de un debate que no cesa desde que Ramón Sampedro confrontó a la sociedad española por primera vez con su solicitud de ayuda a morir en 1993.

 Hasta el día de hoy, hemos debatido largamente casos muy distintos de “muerte digna”. Algunos de nuestro país, como los de Jorge León, Inmaculada Echevarría, o las sedaciones de Leganés. Otros de países diferentes, como el de la estadounidense Terry Schiavo, la francesa Chantal Sebire, la niña británica Hanna Jones o, más recientemente, la italiana Eluana Englaro.

 Así, hemos ido descubriendo que la “muerte digna” es etiquetable como un ideal moral de las personas, que puede incluso configurarse como derecho humano y que debería ser protegido jurídicamente. También sabemos hoy que la “muerte digna” tiene que ver con al menos cuatro escenarios diferentes, aunque no excluyentes. Uno, eutanasia y suicidio asistido; dos, limitación del esfuerzo terapéutico; tres, rechazo de tratamiento; cuatro, sedación paliativa. El primero es el único que es un delito tipificado en España. Los otros tres tienen un alto grado de consenso ético y un sustrato jurídico en principio suficiente, aunque sometido a interpretaciones variadas. Así se demostró en el caso Inmaculada Echevarría o en la polémica de Leganés.

Esto explica que la Comunidad Autónoma de Andalucía haya decidido aclarar, reforzar y complementar estos tres escenarios mediante una Ley autonómica específica. Su objetivo es dar más seguridad a pacientes y profesionales a la hora de aplicarlos.

Portada del Programa del Foro de Debate "Muerte Digna: el debate que no cesa"

Portada del Programa del Foro de Debate "Muerte Digna: el debate que no cesa"

El próximo 28 de octubre celebramos en la Escuela Andaluza de Salud Pública un Foro que pretende ayudar a que el debate sobre todas estas cuestiones prosiga sin cesar tomando como interlocutores principales a los profesionales sanitarios que trabajan día a día con los pacientes en proceso de muerte y con sus familias.

Queremos agradecer el interés que ha suscitado la propuesta de debate, que ha superado las expectativas y confirmado la intuición y el deseo de que aún queda mucho por hablar y compartir sobre estas cuestiones. La inscripción ha sido un éxito y se encuentra ya cerrada, pero desde este blog informaremos sobre el desarrollo del encuentro.

AC Ciudadanía y Ética

Enlace al programa del Foro

→ 1 comentarioCategorías: 1

Participación ciudadana: mejorando la regulación de la ayuda al suicidio

Septiembre 28, 2009 · Dejar un comentario

Varias cosas podríamos aprender en nuestro país sobre la mejora de la regulación jurídica de la ayuda al suicidio que acaba de aparecer en el Reino Unido.

Una, el propio contenido de la reforma. Como es sabido el origen de esta modificación tiene su origen en la consulta que Debbie Purdy, una enferma de esclerosis múltiple, hizo a los tribunales para que se le asegurara que su marido no sería procesado por ayuda al suicidio si la ayudaba a viajar a Suiza para terminar con su vida. Los Law Lords, el equivalente a nuestro Tribunal Supremo, le dieron la razón al considerar que la legislación de Inglaterra y Gales  sobre la materia, que data de 1961 , no era suficientemente clara.

Debbie Purdy y su marido

Debbie Purdy y su marido

Por este motivo el pasado miércoles, Keir Starmer, el Fiscal General (Crown Public Prosecutor) hizo público un documento provisional para orientar a los fiscales sobre la manera de tratar los posibles casos de ayuda al suicidio. Este documento no constituye en realidad una modificación legislativa, porque el Fiscal no puede hacer tal cosa. Lo que establece son unos criterios para saber cuando debe procesarse o no a una persona bajo la acusación de ayuda al suicidio. Los criterios por los que se recomienda a los fiscales que no abran procesos contra personas que hayan ayudado a morir a otras son 13 , y los criterios que recomiendan lo contrario son 16. Ambos son bastante exigentes y sólo se aplican a enfermos terminales o con enfermedades degenerativas o graves sin tratamiento.

La ayuda al suicidio en nuestro país también está tipificada por el artículo 143 del Código penal. Sin embargo el artículo es poco claro y contradictorio, como lo es el de la ley británica. No estaría nada mal que se aclarara con criterios similares a los que se han puesto en marcha en Inglaterra y Gales.

La segunda cosa que podríamos aprender tiene que ver con el procedimiento seguido. El documento publicado está en vigor, pero con carácter provisional mientras se desarrolla un proceso de consulta pública que dura hasta el 16 de diciembre. Este procedimiento implica que cualquier ciudadano de cualquier parte del mundo puede acceder a la página web, descargarse el documento, expresar sus opiniones y enviarlo.

Esta práctica es habitual en la administración británica. Sin duda está influida por el modelo republicano de organización social que subyace en este país, al igual que en otros países, como Estados Unidos. En cambio en España el modelo triunfante es el de la democracia liberal, para el que la participación ciudadana es algo secundario, cuando no peligroso. Por eso un procedimiento de consulta como este sonaría extraño. Aunque hay intentos de avanzar en esta dirección, como el que se ha realizado en el proceso de tramitación del Proyecto de “Ley de Derechos y Garantías de la dignidad de la persona en proceso de muerte” que se tramita actualmente en el Parlamento de Andalucía. ¡¡Que no sea el último!!

Pablo Simón

→ Deja un ComentarioCategorías: Bioética
Etiquetado: ,

Enfermedad mental: presunta culpable

Septiembre 8, 2009 · Dejar un comentario

Artículo publicado en diario IdealEl tratamiento informativo del trágico suceso de Albolote, donde un hombre asesinó presuntamente a sus padres, un matrimonio de 69 y 70 años, vuelve a demostrar la incomprensión y las ideas erróneas sobre la enfermedad mental que compartimos la ciudadanía y de la que se hacen eco los medios de comunicación.

Ante un hecho inexplicable para la razón humana, como es un parricidio, que significa una violencia contra natura y la destrucción de valores sociales fundamentales, se busca una explicación. Como suele acontecer cuando un crimen, una agresión o un acto violento no tienen justificación, las miradas inquisidoras se vuelven hacia la enfermedad mental y las personas que la padecen. Al cubrir la noticia, la mayoría de medios de comunicación hizo referencia a un posible trastorno mental del detenido como causa de sus actos brutales.

Como ejemplo, cuatro extractos de prensa escrita sobre el suceso: “Se desconoce si sufre algún tipo de patología mental diagnosticada que le llevara a cometer el crimen”; “tampoco se le conocen trastornos psiquiátricos que hubieran podido provocar la reacción”; “fuentes policiales apuntaron que podría padecer algún tipo de enfermedad mental”; “no se le conocen antecedentes de trastorno mental”. Suposiciones recurrentes, que no nos extrañan porque son habituales, pero con graves consecuencias sociales para las personas que tienen una enfermedad mental.

Otra noticia de parricidioA raíz de esta rápida y errónea conexión entre enfermedad mental y violencia se podría deducir que en España, el 9% de la población española (4.230.000 personas) podría ser un asesino potencial, tal vez un o una parricida ocasional. Esa es la cifra de personas que actualmente tiene una enfermedad mental, según datos del Ministerio de Sanidad y Política Social. Y si tenemos en cuenta que una de cada cuatro personas puede padecer alguna enfermedad mental a lo largo de su vida, como informa la Organización Mundial de la Salud, parecería aconsejable encerrarse en casa y no salir a la calle ante la avalancha de supuestos criminales que nos rodean. O quizá no fuera tan buena idea atrincherarse a cal y canto, ya que, por probabilidad, en cada familia podría darse un caso de enfermedad mental.

La realidad de la enfermedad mental es bien distinta: las personas que la padecen no son más violentas que la población general. Este falso mito, asumido durante siglos sin molestarnos en verificarlo, es una de las principales causas de la estigmatización y la discriminación social que padece este colectivo, y por ellas, uno de los más vulnerables e incomprendidos y con mayores agresiones a sus derechos como ciudadanos y ciudadanas.

Recientes estudios en Europa y Estados Unidos muestran que padecer una enfermedad mental no determina una conducta violenta, al menos no en un porcentaje mayor que en casos en los que no existe diagnóstico de una patología mental. Y se sabe, además, que estas personas suelen ser más víctimas que agresores o agresoras.

Las investigaciones que desmontan estereotipos negativos como este y que empiezan a quitar etiquetas crueles que afectan a millones de personas en el mundo son todavía incipientes. Pero empiezan a demostrar que es aconsejable que volvamos a pensar qué imagen tenemos de la enfermedad mental, a cuestionarnos si es cierta y a mirar a las personas diagnosticadas con un trastorno mental de una forma diferente, libre de miedo y de rechazo irracional.

Perpetuar creencias como el vínculo entre violencia y enfermedad mental es reforzar la discriminación y la exclusión social. El sufrimiento que genera este rechazo social puede ser mayor que los síntomas de la propia enfermedad y es la principal barrera para la recuperación de estas personas. Ver a la enfermedad mental como presunta culpable de todo acto violento injustificado es condenarlas automáticamente y negarles la existencia plena que todos merecemos.

Angel Luis Mena

Publicado en el diario Ideal de Granada

→ Deja un ComentarioCategorías: 1
Etiquetado:

“Ciudadanía y clase social”, 50 años después

Julio 17, 2009 · Dejar un comentario

El concepto de ciudadanía es hoy en día la piedra angular de los debates que acontecen en el mundo de la Filosofía Política. En ese debate siempre hay nombres a los que se vuelve una y otra vez porque han hecho aportaciones sin las cuales el debate no podría tener lugar hoy. Uno de ellos es el del británico Thomas H. Marshall.

 Marshall (1893-1982) fue profesor de sociología en la London School of Economics y también contribuyó de manera decisiva a la configuración de la sociología en Cambridge. Entre 1956 y 1960 dirigió el departamento de Ciencias Sociales de la UNESCO y entre 1959 y 1962 fue presidente de la Asociación Internacional de Sociología. 

Thomas H. Marshall

Thomas H. Marshall

Unos años antes, en 1949, había pronunciado en Cambridge una conferencia que ha venido a ser un punto de referencia fundamental en la teoría de la ciudadanía, bien para apoyarse en ella, bien para denostarla. La conferencia se publicó un año más tarde, en 1950, con el título “Ciudadanía y clase social”.

 En esta célebre conferencia Marshall definía la ciudadanía como “aquel status que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad”. Por tanto, continuaba, “sus beneficiarios son iguales en cuanto a los derechos y obligaciones que implica”.  Según Marshall el proceso de adquisición de estos derechos ha sido progresivo y, al menos en Inglaterra, afirmaba que podían diferenciarse tres etapas.

 La primera se desarrolla en el siglo XVIII y corresponde al proceso de adquisición de los derechos civiles. Estos son “los derechos necesarios para la libertad individual: libertad de la persona, de expresión, de pensamiento y religión, derecho a la propiedad y a establecer contratos válidos y derecho a la justicia”.

 La segunda etapa abarca el siglo XIX y corresponde al desarrollo de los derechos políticos. “Por elemento político –dirá- entiendo el derecho a participar en el ejercicio del poder político como miembro de un cuerpo investido de autoridad política o como elector de sus miembros”.

 La tercer y última etapa, la que más interesa a Marshall, se despliega en el siglo XX y corresponde a los derechos sociales. “El elemento social abarca todo el espectro , desde el derecho a la seguridad y a un mínimo de bienestar económico al de compartir plenamente la herencia social y vivir las vida de un ser civilizado conforme a los estándares predominantes en la sociedad”. Según Marshall “las instituciones directamente relacionadas son, en este caso, el sistema educativo y los servicios sociales”. O lo que es lo mismo, las estructuras sobre las que por aquel entonces se estaba asentando en Inglaterra y en Europa el Estado de Bienestar.

 Los derechos sociales encarnados en el Estado capitalista de Bienestar venían así a permitir lo que aparentemente era la cuadratura del círculo: hacer avanzar la noción de igualdad en el plano social aun cuando no fuera posible conseguir la igualdad económica. Así, como dice Javier Peña en su ensayo “Nuevas perspectivas de la Ciudadanía” publicado en el libro “Ciudad y ciudadanía”, gracias al concepto de ciudadanía social “la lógica del mercado, que determina la desigualdad de rentas, es contrapesada por el reconocimiento jurídico de un igual status”. De esa forma “las desigualdades económicas, forzosamente más reducidas, podrían incluso ser estimulantes como incentivos del esfuerzo, compatibles con la ciudadanía real”.

 Obviamente, como apunta el propio Javier Peña, la historia del siglo XX se ha encargado de demostrar que la bonita teoría no cuajaba completamente en la realidad. Pero eso no puede hacernos negar que el Estado de Bienestar  y el concepto de ciudadanía social ha supuesto un enorme avance para (la mayoría de) los ciudadanos (europeos). No para los defensores del neoliberalismo, para quienes Marshall debe ser un personaje poco amigable. Seguramente no tuvo entre sus admiradores a Margaret Tatcher, a quien Marshall llegó aún a sufrir como Primera Ministra de su país los tres últimos años de su larga vida.    

William Henry Beveridge

William Henry Beveridge

Uno de los desarrollos actuales del concepto de ciudadanía social es el de ciudadanía sanitaria. Se trataría de articular cuáles son los derechos que empoderan al ciudadano en relación con la salud y la atención sanitaria. No es descabellado pensar que Marshall hubiera pensado también en ello cuando escribió su ensayo, pues tan solo 7 años antes Lord Beveridge había presentado el famoso informe que daría lugar al primer sistema público de salud del mundo, el National Health Service británico. Pero lo cierto es que aún hoy se trata de un concepto nuevo, en proceso de construcción. 

 Sin embargo, no se trata sólo de aclarar este concepto por la vía jurídica, como trató de hacer en 2006 la Asociación de Juristas de la Salud en un foro del que se publicó un monográfico de su Revista Derecho y Salud, aunque esta perspectiva resulte siempre imprescindible.  La cuestión es cómo encajar este concepto en los diferentes modelos de ciudadanía que existen, como el modelo liberal, el republicano o el cosmopolita o multicultural.  Pero esto ya es tema para otra ocasión…

PABLO SIMÓN

Texto completo de la conferencia accesible en: “Ciudadanía y Clase Social

También ha sido publicado por Alianza Editorial junto con un ensayo complementario de su colega y amigo Tom Bottomore.

→ Deja un ComentarioCategorías: 1

Reflexión sobre la vida y la muerte

Julio 16, 2009 · Dejar un comentario

Japón. 2008. 131 min. Dirección: Yôjirô Takita. Interpretación: Masahiro Motoki (Daigo Kobayashi), Ryoko Hirosue (Mika Kobayashi). Estreno en España: 3 Julio 2009.

Japón. 2008. 131 min. Dirección: Yôjirô Takita. Interpretación: Masahiro Motoki (Daigo Kobayashi), Ryoko Hirosue (Mika Kobayashi). Estreno en España: 3 Julio 2009.

Tras un repicar seco y monótono de campanas, alguien pregunta: “Oye, ¿quién se ha muerto?”. Esta escena, que puede ser cotidiana en algunos pueblos de España, y que se diluye en las relaciones anónimas de una gran ciudad, es la atmósfera que intenta recrear Despedidas tras cierto preámbulo de presentación. La película, ganadora del oscar a la mejor película extranjera, arriesga poco en su forma pero hay que reconocerle cierto valor en su contenido.

En la cultura japonesa hablar de la muerte es casi un tabú, y aún más, los que se dedican a trabajar con los muertos. Cuando Daigo, el protagonista de esta historia, huye de la gran ciudad y regresa a su pueblo natal le ofrecen un trabajo que no puede rechazar: “Trabajo que ayuda a la gente a viajar, bien remunerado, poco tiempo de dedicación”. Acercarse a cuerpos inermes y devolverles su dignidad mediante un arduo proceso de amortajamiento, da sentido a la vida del protagonista.

Es ésta una película buena, de buenas intenciones más que una buena película. La universalidad de la muerte y las emociones que provoca a quienes les toca de cerca, da calor a la fría galería de personajes que transitan por las manos del amortajador. Si la vida fue difícil, la muerte te lo pone fácil, si existen despedidas a la francesa pueden existir despedidas ritualizadas y premeditadas donde el alma se desnuda porque ya no hay más. Los cuerpos que amortaja el protagonista son cuerpos que huelen, que desfiguran, que duelen e incluso cuerpos que ríen. “Nunca había visto a mi esposa tan bella” alardea un personaje ante su esposa muerta.

La película es edulcorada, no nos podemos olvidar que lleva el sello y la bendición de la industria de Hollywood, y eso se nota. Si bien la película hace trampas de lágrima fácil y paisajes preciosistas a través de una fotografía excesiva (la escena del protagonista tocando el chelo en medio del campo), también hay que reconocer su capacidad de hacer reflexionar sobre la vida y sobre la muerte, y éste es su mérito, que no es poco.

MAITE CRUZ

→ Deja un ComentarioCategorías: 1

Una oportunidad para mejorar la dignidad del proceso de muerte

Julio 3, 2009 · Dejar un comentario

Pablo2med

Pablo Simón, Director AC Ciudadanía y Ética

La sociedad española lleva 15 años discutiendo en torno al concepto de muerte digna. Los ciudadanos, los profesionales sanitarios y los medios de comunicación han hecho un largo proceso de clarificación para aprender a distinguir que no todas las situaciones son iguales, que no todo puede bautizarse como eutanasia. Por desgracia algunos miembros de la clase política parecen no haber seguido del todo este proceso y siguen poniendo al mismo nivel, erróneamente, muerte digna y eutanasia o suicidio asistido. Hoy sabemos que la eutanasia y el suicidio son unas prácticas clínicas que algunas personas introducen dentro del amplio concepto de muerte digna, pero que otras rechazan frontalmente. (…)

Accede al artículo completo  de Pablo Simón en la revista IntereS@S

Accede al texto del Proyecto de Ley de Derechos y  Garantías de la Dignidad de laspersona en el proceso de muerte

→ Deja un ComentarioCategorías: Bioética